Curas naturales contra la indigestión

El sufrir una indigestión es uno de los males más dolorosos y agudos que podemos pasar, sin previo aviso y a cualquier hora del día; esto se debe a que hay distintos factores que pueden facilitar o entorpecer la digestión.

indigestion

El proceso por el cual los alimentos son transformados y desdoblados para poder nutrir a todas y cada una de nuestras células, se llama digestión; este proceso se divide en varias partes.

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La boca:

En la boca comienza el proceso de la digestión, pues es por donde entran los alimentos a nuestro cuerpo, y es a través de la masticación y de la colaboración de las enzimas digestivas presentes en la saliva como la comida es triturada y procesada.

Si sientes una pesadez en tu estómago al comer, es posible que no estés masticando bien los alimentos y que estés ingiriendo trozos demasiado grandes que sobrecargan al estómago de un trabajo que no le corresponde hacer.

Al ser éste el único proceso de la digestión que podemos controlar a voluntad, procura masticar el doble de lo que normalmente lo haces y así harás tu digestión más ligera, con el beneficio adicional de que disfrutarás del placer de comer y, al hacerlo más lentamente, tus porciones se reducirán, al igual que tu peso.

Un mal hábito que puede entorpecer la digestión es la goma de mascar, porque al masticar, automáticamente se producen enzimas y ácidos para desdoblar una comida inexistente, lo cual puede causar inflamación y acidez.

El estómago:

Este órgano utiliza potentes ácidos para seguir desdoblando los alimentos, pero a partir de la tercera o cuarta décadas de vida, se reduce la producción de ácido clorhídrico por parte del estómago, y por consiguiente, la digestión es afectada, empezando a experimentarse síntomas como la acidez y el reflujo, los cuales no ocurren por exceso de ácido estomacal, como indica el sentido común.

Una opción para mantener la producción adecuada del ácido en dicho órgano es consumir regularmente alimentos crudos, como vegetales y frutas, ya que son ricos en enzimas digestivas; otra es sustituir la sal de mesa refinada por sal marina o sal del Himalaya, las cuales proveen el cloruro necesario para que el estómago produzca el ácido clorhídrico que necesita; por último, hay que evitar al máximo la comida procesada, la cual, por estar repleta de azúcar y químicos tóxicos, produce un desbalance en la flora bacteriana, nuestra gran aliada para la buena digestión.

El intestino:

La digestión continua por esta zona gracias a los microorganismos que viven en el intestino, llamada flora intestinal, compuesta por hongos y bacterias, la cual desdobla los alimentos en sus componentes básicos para ser asimilados en su fase final; así, estos “bichitos invisibles” transforman los carbohidratos en azúcares simples y las proteínas en aminoácidos; además, aportan beneficiosos subproductos de su actividad en el intestino, tales como las vitaminas B y K.

Pero cuando las bacterias nocivas se multiplican en exceso, todo cambia, generalmente debido a hábitos perjudiciales tales como consumir exceso de carbohidratos o granos, azúcar o alimentos procesados, produciéndose desagradables consecuencias como flatulencia, síndrome de colon irritable, mala absorción de nutrientes y exceso de peso.

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Si gustas tener una flora intestinal equilibrada es recomendable, además de eliminar o reducir al máximo los alimentos mencionados anteriormente, incluir regularmente probióticos en la dieta, que se hallan en el yogur, el miso y otros alimentos fermentados como el sauerkraut o los encurtidos.

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